domingo, 29 de septiembre de 2013

Enseñar a Pensar

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Britanica y Premio Nobel de Quimica en 1908, contaba la siguiente anecdota:

Hace algun tiempo, recibi la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que habia dado en un problema de fisica, pese a que esteafirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Lei la pregunta del examen y decia: "Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barometro".

El estudiante habia respondido: "Lleva el barometro a la azotea del edificio y atale una cuerda muy larga. Descuelgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio".

Realmente, el estudiante habia planteado un serio problema con la resolucion del ejercicio, porque habia respondido a la pregunta correcta y completamente.
Por otro lado, si se le concedia la maxima puntuacion, podria alterar el promedio de sus de estudios, obtener una nota mas alta y asi certificar su alto nivel en fisica; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugeri que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedi seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debia demostrar sus conocimientos de fisica.

Habian pasado cinco minutos y el estudiante no habia escrito nada.Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contesto que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.
Me excuse por interrumpirle y le rogue que continuara.

En el minuto que le quedaba escribio la siguiente respuesta: "Coge el barometro y lanzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caida con un cronometro.
Despues se aplica la formula altura = 0,5*a + t^2. Y asi obtenemos la altura del edificio". En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podia retirar.
Le dio la nota mas alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontre con el estudiante y le pedi que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barometro en un dia soleado y mides la altura del barometro y la longitud de su sombra.
Si medimos a continuacion la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporcion, obtendremos tambien la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?

Si, contesto; este es un procedimiento muy basico para medir un edificio, pero tambien sirve. En este metodo, coges el barometro y te situas en las escaleras del edificio en la planta baja. Segun subes las escaleras, vas marcando la altura del barometro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barometro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un metodo muy directo.

Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barometro a una cuerda y moverlo como si fuera un pendulo. Si calculamos que cuando el barometro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barometro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podriamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barometro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usandolo como un pendulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesion. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras.

Probablemente, siguio, la mejor sea coger el barometro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aqui tengo un bonito barometro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.

En este momento de la conversacion, le pregunte si no conocia la respuesta convencional al problema (la diferencia de presion marcada por un barometro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares)

Evidentemente, dijo que la conocia, pero que durante sus estudios sus profesores habian intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, fisico danes, premio Nobel de Fisica en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de atomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoria cuantica.

Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anecdota, lo esencial de esta historia, es que LE HABIAN ENSEÑADO A PENSAR.

Espero que os haya gustado. Por cierto, para los escepticos: esta historia es absolutamente veridica.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Pequeños detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.
 El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro:

¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro? Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro.

Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles. Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.

Todas las relaciones –familia, matrimonio, noviazgo o amistad- se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.

Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.

Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.

Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. No desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes. En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió.

¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono.
Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. No lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones...

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Sabio y los Cofres de la Felicidad

Hace muchos años, vivía en la India un sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de la vida, y que por eso se consideraba el hombre más feliz del mundo.

Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarlo para obtener el cofre, pero todo era en vano. Mientras más lo intentaban, más infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir.
Así pasaban los años y el sabio era cada día mas feliz. Un día llegó ante él, un niño y le dijo:

"Señor, al igual que tú, también quiero ser inmensamente feliz, ¿por qué no me enseñas qué debo hacer para conseguirlo?".

El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo:

"A ti te enseñaré el secreto de ser feliz".

Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y éstos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes de seguir a lo largo de la vida.

El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida y, por lo tanto, debes AMARLO y darle GRACIAS por todas las cosas que tienes.

El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo y, todos los días, al levantarte y al acostarte, debes afirmar: YO SOY IMPORTANTE, YO VALGO, YO SOY CAPAZ, SOY INTELIGENTE, SOY CARIÑOSO, ESPERO MUCHO DE MÍ, NO HAY OBSTÁCULO QUE NO PUEDA VENCER. Este paso se llama autoestima alta.

El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, ACTÚA INTELIGENTEMENTE; si piensas que eres capaz, HAZ LO QUE TE PROPONES; si piensas que eres cariñoso, EXPRESA TU CARIÑO; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas, este paso se llama motivación.


El cuarto paso, es que NO DEBES ENVIDIAR a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra las tuyas.

El quinto paso, es que NO DEBES ALBERGAR EN TU CORAZÓN RENCOR HACIA NADIE; ese sentimiento no te dejará ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia y tú PERDONA Y OLVIDA.

El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que, de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor.

El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.

Y, por último, levántate siempre con una SONRISA en los labios; observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto de para ser triunfador y que, de esta manera, PUEDAN SER FELICES.

APLICA ESTOS PASOS Y VERÁS...

¡QUÉ FÁCIL ES SER FELIZ!

lunes, 23 de septiembre de 2013

Las Cuatro Esposas

Había una vez un rey que tenia cuatro esposas.

Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Solo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenia un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas él se fijaba en ella.

Un día, el rey se enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Penso acerca de su vida de lujo y caviló:
"Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo".

Así que le preguntó a su cuarta esposa:
- "Te he amado mas que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero.Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"
- Ni pensarlo!", Contesto la cuarta esposa y se alejó sin decir mas palabras. Su respuesta penetro en su
corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le pregunto a su tercera esposa:
- Te he amado toda mi vida. Ahora que me estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?". "¡No!", Contestó su tercera esposa. "¡La vida es demasiado buena, cuándo mueras, pienso volverme a casar!". Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frio.

Entonces preguntó a su segunda esposa:
- "Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?".
"¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!", Contestó la segunda esposa. "Lo mas que puedo hacer por ti es enterrarte". Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devasto al rey.

Entonces escuchó una voz: ."Me iré contigo y te seguiré donde quiera que tu vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba alli su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición.

Profundamente afectado, el monarca dijo: "¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo! " En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa es nuestras posesiones, condición social y riqueza.

Cuando muramos, irán a parar a otros. Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo mas que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del egoísmo. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará donde quiera que vayamos.

Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ahora! Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo.
¡Déjala brillar!

La Mentira Descubierta

   El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.

Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidio que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el coche al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo:

- Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.
Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.
Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el coche y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p.m. Él me preguntó con ansiedad:

- ¿Por qué llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el coche no estaba listo y tuve que esperar, esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo:

- Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo. Yo llevé el coche 5 horas y media detrás de él. Viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.

Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso. Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos. ¿hubiese aprendido la lección?. ¡No lo creo! Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.

¡Éste es el poder de la vida sin violencia!.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La Perla y la Ostra

Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.

Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable al interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando un grano de arena penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra.

Como resultado, se va formando una hermosa perla.

Una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas.

Porque la perla es una herida cicatrizada.

¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes?

¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste? ¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas? ¿O quizás fueron tomadas por alguien para presentarlas como propias?

¿Has sufrido golpes de los que adquieren ideas preconcebidas indebidamente?

¿Has sido objeto de la indiferencia?

Entonces… ¡produce una perla!

Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor. Muchas personas sólo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen.

En la vida real vemos muchas “ostras vacías”, no porque no hayan sido heridas sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en amor.

Vale la pena enfrentar las heridas. No seas vencido por lo malo, sino vence con el bien el mal.

¿Cómo está tu perla?

sábado, 21 de septiembre de 2013

La Mariposa que no podía Volar

    Aquella mariposa era como todas las mariposas. Tenía un cuerpo largo y esbelto. Sus antenitas se movían de un lado hacia otro nerviosamente. Sus alas poseían hermosos colores: verde, azul, amarillo, naranja y rojo. Tenían un polvito dorado que las hacía brillar intensamente cuando las tocaba un rayo de sol. A simple vista, nada la diferenciaba de las demás y sin embargo, era diferente: No podía volar...

Cuando salieron del capullo, después de un arduo esfuerzo, las mariposas empezaron a revolotear de un lado a otro, embriagadas por ese aire tibio que las rodeaba, ebrias de felicidad.

Ella no, se quedó en tierra, con las alas bajas, mirándolas. Todo su ser pedía elevarse e ir con sus hermanas. Pero no podía... Un peso enorme la ataba al suelo y le impedía remontarse.

Un dolor sordo le cerraba el pecho y casi no podía respirar. Quería volar pero sabía que no le era posible. Sus alas pendían a sus costados como adornos bonitos, mas inútiles.

Lágrimas de frustración se deslizaban por sus mejillas, caían sobre sus alas y las hacían brillar más aún.
Una mariposa se acercó, dichosa de vivir y le dijo entusiasmada:
- Ven con nosotras. ¡Esto es bellísimo!
- No quiero. Prefiero mirar. Así me divierto...

La mariposa la miró con curiosidad pero sus otras compañeras la llamaron y voló graciosamente, hacia ellas. ¡Qué largo es el tiempo cuando hay sufrimiento! Le parecía que los minutos eran horas y que estaba detenida en el tiempo.

No se dio cuenta que un sapo verde y feo se iba acercando con la evidente intención de cenar. Cuando lo vio ya lo tenía al lado, pegado a ella. Se sentía tan sola que agradeció la compañía y sin darse cuenta,sonrió.

El sapo que ya tenía la lengua extendida, se quedó tan sorprendido que cerró la boca, guardando su larga lengua.

Ella lo miró y no vio su enorme cuerpo cubierto de manchas y verrugas, sólo vio a un ser que rompía su soledad.

- Señor – le dijo – con voz temblorosa - ¿Usted también está solo?
El sapo la miró sin comprender. Vio las lágrimas que pendían de sus alas y notó su tristeza.
- Paseaba por ahí y te vi – dijo con voz insegura. Se aclaró la garganta.
- Mis hermanas andan por ahí, volando por primera vez.
- ¿Y por qué no estás con ellas?
- Yo no puedo volar. Quiero... pero no puedo... No soy capaz.
- ¿Por qué?
- No lo sé...
- Tienes miedo. El miedo te paraliza. No crees en tus propias fuerzas y si no lo intentas nunca sabrás si eres capaz.
- ¿Y si no puedo?

- Si no puedes, no puedes. – Contestó el sapo con malhumor.
– Pero a mí me gustaría saberlo.- Espere.

La mariposa se puso de pie, extendió las alas, las agitó y su cuerpo se elevó a lo alto. ¡Qué placer! ¡Podía volar! El cielo se extendía y era suyo. La alegría la embargaba. Era feliz. Lo saludó con una graciosa reverencia y le gritó:
- ¡Gracias!

El sapo la miró hasta que desapareció y luego siguió su camino. Sentía algo extraño en el pecho. Un calorcito desconocido pero también le dolía el estómago de hambre.

- Espero que si encuentro algo para comer, no me hable.

No encontró nada, ni un insecto... con hambre y resignación se durmió.Esa noche soñó con hadas y mariposas, con bosques maravillosos... y fue feliz...

¿La mariposa? La mariposa se llevó algunos árboles por delante y se dio varios golpes pero no importa. Son los golpes de la vida vivida...

viernes, 20 de septiembre de 2013

La última Lágrima

   Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difícil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.

Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mi, le sonreí, lo saludé con un gesto aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto.

En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y tan pronto llegué a mi casa, comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia... pero esa lágrima no se borraba... Los viejos no lloran así por nada, me dije.

Esa noche me costó dormir; la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir. Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar.

Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre. ¿Qué desea? preguntó, mirándome con un gesto adusto. Busco al anciano que vive en esta casa, contesté. Mi padre murió ayer por la tarde,dijo entre lágrimas. ¡Murió! dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.

¿Usted quien es? volvió a preguntar. En realidad, nadie, contesté y agregué. Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedía pero hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde.

No me lo va a creer pero usted es la persona de quien hablaba en su diario. Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación.

-Por favor, pase. Me dijo aún sin contestarme.

Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba: Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable... hoy es un día bello.

Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle. Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije: Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre... Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.

jueves, 19 de septiembre de 2013

¡Necesito un Abrazo!

Hace veinte años yo manejaba un taxi para vivir. Lo hacía en el turno nocturno, y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban detrás de mí en total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas.

Encontré gentes cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían.

Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto. Respondí a una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad.

Asumí que recogería a algunos saliendo de una fiesta, o alguien que había tenido una pelea con su amante, o un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad.

Cuando llegué a las 2:30 a.m., el edificio estaba oscuro, excepto por una luz en la ventana del primer piso.

Bajo esas circunstancias, muchos conductores sólo hacen sonar su claxon una o dos veces, esperan un minuto, y después se van.

Pero yo he visto a muchas personas empobrecidas, que dependen de los taxis como su único medio de transporte. Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta.

«Este pasajero deber ser alguien que necesita de mi ayuda», razoné para mí. Por lo tanto, caminé hacia la puerta, toqué durante un minuto y me respondió una frágil voz. Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso, y después de una larga pausa, la puerta se abrió.

Una pequeña mujer de unos ochenta años, se paró enfrente de mí. Ella llevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años cuarenta. A su lado, una pequeña maleta de nylon.

El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años.

Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio.

En la esquina estaba una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal.

Repetía su agradecimiento por mi gentileza. Le dije:
-"No es nada. Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada"
-"¡Oh, estoy segura de que es un buen hijo!"
Cuando llegamos al taxi, me dio una dirección, y entonces preguntó:
-"¿Podría manejar a través del centro?"
Rápidamente le contesté:
-"Éste no es el camino corto"
-"¡Oh, no importa! No tengo prisa, estoy camino del asilo"
La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos. Continuó diciéndome:
-"No tengo familia. El doctor dice que no me queda mucho tiempo"
Tranquilamente, alcancé y apagué el taxímetro.
-"¿Qué ruta le gustaría que tomara?"

Por las siguientes dos horas, manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores.
Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando eran recién casados. Me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era niña.

Algunas veces me pedía que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular, o una esquina, miraba en la oscuridad, y no decía nada.

Con el primer rayo de sol apareciéndose en el horizonte, me dijo:
-"Estoy cansada, vámonos ahora"

Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico.

Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Ellos eran muy amables, vigilando cada uno de sus movimientos. Debían haber estado esperándola. Yo abrí la cajuela y dejé la pequeña maleta en la puerta.

La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas. Buscando en su bolsa, me preguntó:
-"¿Cuánto le debo?"
-"Nada"
-"Tienes que vivir de algo"
-"Habrá otros pasajeros"
Repentinamente, exclamó:
-"¡Necesito un abrazo!"

Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:
-"Le diste a una vieja mujer un pequeño momento de felicidad... ¡Gracias!"

Apreté su mano, y entonces caminé hacia la luz de la mañana. Una puerta se cerró detrás de mí: fue un sonido de una vida concluída.

No recogí a ningún pasajero en ese turno, y manejé sin rumbo por el resto del día. No podía hablar. ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado, o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?
¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez y me hubiera ido?

En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida.

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán que sólo son pequeños momentos.

La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tú hiciste o lo que dijiste, pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir...

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las Puertas de la Vida

1. No salgas de la infancia apresuradamente; luego querrás recuperar esos años.

2. No entres a la adolescencia convencido de que dominaras al mundo; la vida te llevara por camino que todavía no sospechas.

3. No salgas de la adolescencia desperdiciando tu juventud; la juventud pertenece a todos pero no es de nadie, ni en nadie queda.

4. No entres en la madurez creyendo que has vencido todas las etapas y que el triunfo llegará mañana; la felicidad, único triunfo, se encuentra en disfrutar todas las etapas de un camino, no al final de la ruta.

5. No recorras la madurez sin crear un tesoro del espíritu; los tesoros de la tierra no son herencia para tus hijos.

6. No salgas de la madurez convencido que has triunfado; tu triunfo lo medirá el recuerdo que dejes.

7. No salgas de la madurez creyendo haber sido derrotado; algo siempre se deja, por pequeño que sea.

8. No entres a la vejez creyendo que el destino te ha sido adverso; has sido tú quien ha elaborado ese destino.

9. No salgas de la vejez sin entregar tus consejos; otros infantes, otros adolescentes, otros maduros y otros mayores te han mirado y querrán imitarte.

martes, 17 de septiembre de 2013

La Alegría...

   La alegría es el don más preciado del universo, el más autentico, el más espontáneo, el único que se da sin esperar nada a cambio, solo por el placer que provoca, no es egoísta ni envidioso, no lastima sino que se contagia.

La alegría es el fruto de un instante conectado con lo divino, es la respuesta de la presencia de DIOS en el mundo. No sólo se ve reflejada en la sonrisa de los hombres sino que es una manifestación del canto de la
naturaleza.

La alegría tiene el poder de sanar al enfermo, consolar al que se siente vacío y despertar al que muere en vida; es tan deseada, que los seres humanos, con tal de poseerla, son capaces de pagar cualquier precio y
confundirla con el placebo que dan los vicios y se olvidan de que la auténtica alegría está simplemente en percibir la presencia de DIOS en todas las cosas y en todos los lugares.

La alegría no necesita explicación porque DIOS no se explica a sí mismo. No tienes que buscarla, tú ya la conoces...

¡No dejes que nunca se vaya de tu lado!

lunes, 16 de septiembre de 2013

¡Vuela más alto!

   Poco después de la 2a Guerra Mundial, un joven piloto inglés probaba un frágil avión monomotor en una peligrosa aventura alrededor del mundo.

Poco después de despegar de uno de los pequeños e improvisados aeródromos de la India, oyó un ruido extraño que venía de detrás de su asiento.

Se dió cuenta que había una rata a bordo y que si roía la cobertura de lona, podía destruir su frágil avión.

Podía volver al aeropuerto para librarse de su incómodo, peligroso e inesperado pasajero.

De repente recordó que las ratas no resisten las grandes alturas.

Volando cada vez más alto, poco a poco cesaron los ruidos que ponían en peligro su viaje.

-MORALEJA
 Si amenazan destruirte por envidia, calumnia o maledicencia, VUELA MÁS ALTO!
 Si te criticaran, VUELA MÁS ALTO!
 Si te hicieran alguna injusticia, VUELA MÁS ALTO!

-ACUERDATE SIEMPRE QUE LAS RATAS NO RESISTEN LAS GRANDES ALTURAS...

Lo mejor es que hoy y siempre tengas el coraje de levantar vuelo y volar siempre alto, muy alto, con la cabeza en las nubes y los pies bien fijos en el suelo...

También que cuando estés volando sepas mirar para abajo y ver que existen criaturas mucho más pequeñas que tu y cuán grande e importante eres delante de ellas, y que en esa misma proporción, también mires para arriba y veas cómo es de grandioso el cielo que te cubre y percibas el tamaño de tu pequeñez frente al universo...

En fin, deseo que por más alto que sea tu vuelo, tengas siempre suerte y fortaleza.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Amar es de ser Humano

   Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas, contemplando con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos.

Es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la discordia y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia.

Es darse cuenta de que si cosecha desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo.

Es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Acuérdate de lo Bueno

Cuando el cielo esté gris, acuérdate cuando lo viste profundamente azul.

Cuando sientas frío, piensa en un sol radiante que ya te ha calentado.

Cuando sufras una derrota, acuérdate de tus triunfos y de tus logros.

Cuando necesites amor, revive tus experiencias de afecto y ternura.

Acuérdate de lo que has vivido y de lo que has dado con alegría.

Recuerda los regalos que te han hecho, los besos que te han dado, los paisajes que has disfrutado y las risas que de ti han emanado.

Si esto has tenido, lo podrás volver a tener y lo que has logrado, lo podrás volver a ganar.

Alégrate por lo bueno que tienes y por lo de los demás; desecha los recuerdos tristes y dolorosos, no te lastimes más.

Piensa en lo bueno, en lo amable, en lo bello y en la verdad.

Recorre tu vida y detente en donde haya bellos recuerdos y emociones sanas y vívelas otra vez.

Visualiza aquel atardecer que te emocionó.

Revive esa caricia espontánea que se te dio.

Disfruta nuevamente de la paz que ya has conocido, piensa y vive el bien.

Allá en tu mente están guardadas todas las imágenes.

Y solo tú decides cuáles has de volver a mirar...

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Árbol de las Lágrimas

   Dicen los que saben, que las hadas también lloran, aunque no lo hacen como los humanos.

El llanto de las hadas no se pierde en los pañuelos, ni se evapora en el aire.

Dicen que cuando lloran de alegría, sus lágrimas se convierten en diminutas cuentas de colores brillantes y que las hadas hacen con ellas pequeñas joyas: collares, pendientes y colgantes con los que adornarse y que siempre las llevan puestas para recordar el motivo feliz que las provocó, pero si su llanto es de dolor,es distinto su destino.

Dicen que cuando los antiguos espíritus del bosque oyen a las hadas llorar de pena, desde el mismo corazón de la tierra hacen brotar un árbol frondoso, azul y luminoso como el cristal y cada lágrima de hada se transforma en una hoja nueva prendida a sus ramas que crecen y crecen.

Todas las hadas han vertido muchas lágrimas por los niños que nunca las conocerán porque cortaron el camino de su vida el hambre,el frío o el terror.

Y saben que el Árbol nunca dejará de crecer, que nunca cesará la violencia ni la injusticia pero se consuelan teniendo un lugar tan especial donde guardar su pena, porque un árbol crece hacia las alturas y la luz.

Hacia donde la PAZ siempre es posible.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Cóctel de Luna

Este cóctel me lo enseñó un suspiro en una noche de verano. Me dijo que era secreto y que sólo debía compartirlo con personas que miran a la luna con otros ojos. Con quien aún quiera jugar a creer que la luna realmente puede ser un globo que se le escapó a un niño. Con quien esté convencido de que su cara oculta esconde una sonrisa espléndida. Con todos los que aún conservan algo del mundo mágico, os invito a todos a un sorbo de surrealismo, de magia, de cariño, de luna.

  Ingredientes:
Romanticismo.
Fantasía.
Pasión.
Ilusión.
Melancolía.
Amor.

  Preparación:
  Mezclar en partes iguales Romanticismo, Fantasía, Ilusión y Amor. Añadir unas gotas de Melancolía y una corteza de Pasión. Agitar con mucha delicadeza.
  Sírvase a temperatura ambiente. Mejor por la noche. Mejor acompañado.

 Espero que os guste

Para alcanzar la iluminación

Un joven se presentó ante el Maestro y le preguntó:
- ¿Cuánto tiempo crees probable que puede llevarme el alcanzar la iluminación?
- Diez años. -le respondió el Maestro.
El joven quedó impresionado.
- ¿Tanto? -preguntó sin dar crédito a sus oídos.
Y el Maestro le dijo:
- No, me he equivocado. Te llevará veinte años.
- ¿Por qué el doble? -preguntó el joven.
- Bien pensado, -dijo el Maestro-, en tu caso probablemente sean treinta años.