Cuando era chico, la sandía en Minnesota era una exquisitez. Un compañero de mi padre, Bernie, era un próspero mayorista de fruta y verduras que tenía un depósito en St. Paul.
Todos los veranos, cuando llegaban las primeras sandías, Bernie nos llamaba. Papá y yo íbamos al depósito de Bernie y tomábamos posiciones. Nos sentábamos en el borde del muelle, con los pies colgando, y nos inclinábamos, minimizando el volumen del jugo que estábamos a punto de derramarnos encima.
Bernie traía su machete, abría nuestra primera sandía, nos alcanzaba a ambos un gran pedazo y se sentaba junto a nosotros. Entonces enterrábamos la cara en la sandía, comíamos sólo el corazón - la parte más roja -, jugosa, firme, libre de semillas y perfecta - y tirábamos el resto.
Bernie era lo que mi padre consideraba un hombre rico. Siempre pensé que se debía a que era un hombre de negocios de mucho éxito. Años después, me di cuenta de que aquello que mi padre admiraba en la riqueza de Bernie era menos la sustancia que su aplicación. El sabía cuándo dejar de trabajar, reunirse con amigos y comer sólo el corazón de la sandía.
Lo que aprendí de Bernie es que ser rico es un estado de ánimo. Algunos de nosotros, al margen de cuánto dinero tengamos, "nunca" seremos lo bastante libres como para comer SÓLO EL CORAZÓN DE LA SANDÍA. Otros son ricos sin tener más que un cheque de sueldo por delante.
Si uno no se toma el tiempo para dejar que los pies cuelguen sobre el muelle y disfrutar de los pequeños placeres, su carrera probablemente será abrumadora.
Durante muchos años, me olvidé de esa lección que aprendí de chico en el muelle de carga. Estaba demasiado ocupado haciendo todo el dinero que podía.
Afortunadamente, la volví a aprender.
Hoy tengo tiempo para alegrarme con los éxitos de los demás y para disfrutar de cada día.
ESE ES EL CORAZÓN DE LA SANDÍA. He aprendido a arrojar el resto.
¡ Por fin soy rico !
Harvey Mackay
miércoles, 11 de marzo de 2015
sábado, 31 de enero de 2015
Las cosas no son siempre lo que parecen
Dos Angeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada. La familia era ruda y no quiso permitirle a los Angeles que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los Angeles le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Angel más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el Angel más joven preguntó ¿por qué?, el Angel más viejo le respondió, "Las Cosas no siempre son lo que parecen."
La siguiente noche, el par de Angeles vino a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los Angeles que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso. Cuando amaneció, al siguiente día, los Angeles encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su Esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El Angel más joven estaba furioso y preguntó al Angel más viejo, ¿cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste; El Angel más joven le acusaba. La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera.
"Las Cosas no siempre son lo que parecen," le replicó el Angel más viejo. "Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría."
"Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, el ángel de la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar. “Las Cosas no siempre son lo que parecen."
Algunas veces, eso es exactamente lo que pasa cuando las cosas no salen como uno espera que salgan. Si tú tienes fe, solamente necesitas confiar en que cualesquiera que fueran las cosas que vengan, serán siempre para tu ventaja. Y podrías no saber esto hasta un poco más tarde…
jueves, 29 de enero de 2015
Hasta que duela
Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final, solo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que no tenían mucho dinero. La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la fila de a dos detrás de los padres, tomados de la mano.
Hablaban con excitación de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho sobresaliente en su vida. El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: "Eres mi caballero de brillante armadura". El sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si respondiera: "Tienes razón".
La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuántas entradas quería. El respondió con orgullo: "Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos".
La empleada le indicó el precio. La mujer soltó la mano de su marido, ladeó su cabeza y el labio del hombre empezó a torcerse. Éste se acercó un poco más y le preguntó: "¿Cuánto dijo?". La empleada volvió a repetirle el precio.
¿Cómo iba a darse vuelta y decirle a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para llevarlos al circo?. Viendo lo que pasaba, papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo (nosotros no éramos ricos en lo absoluto). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: "Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo".
El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda.
Miró a mi padre directamente a los ojos y con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de 20 dólares y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: "Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí".
Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo, pero no nos fuimos sin nada.
"No des lo que te sobra. Da con alegría y hasta que te duela".
Madre Teresa de Calcuta.
lunes, 12 de enero de 2015
Hay que afilar el hacha
Un hombre reto a otro a un concurso de cortar leña, por todo un dia.
El retador trabajo arduamente, pausando brevemente para comer. El otro comio pausadamente y tomo varios descansos durante el dia.
Al final del dia, el retador EXHAUSTO, estaba sorprendido y enojado al descubrir que el otro hombre habia cortado bastante mas madera que el.
- No entiendo- dijo el retador. - Cada vez que volteaba, tu estabas tomando un descanso. Sin embargo, tu cortaste mas leña que yo.
-Pero tu no notaste - dijo el leñador ganador - que cuando me sente a descansar, fue para afilar mi hacha.
El retador trabajo arduamente, pausando brevemente para comer. El otro comio pausadamente y tomo varios descansos durante el dia.
Al final del dia, el retador EXHAUSTO, estaba sorprendido y enojado al descubrir que el otro hombre habia cortado bastante mas madera que el.
- No entiendo- dijo el retador. - Cada vez que volteaba, tu estabas tomando un descanso. Sin embargo, tu cortaste mas leña que yo.
-Pero tu no notaste - dijo el leñador ganador - que cuando me sente a descansar, fue para afilar mi hacha.
domingo, 11 de enero de 2015
Las siete Maravillas del Mundo
A un grupo de estudiantes de escuela primaria se les pidió que listaran lo que ellos pensaban eran las "Siete maravillas del Mundo moderno o actuales". A pesar de ciertas diferencias, las siguientes fueron las que mas votos recibieron:
1 Las Pirámides de Egipto
2 El Taj Mahal
3 El Gran Cañón de Colorado
4 El Canal de Panamá
5 El Edificio Empire State
6 La Basílica de San Pedro
7 La Gran Muralla China
Mientras contaba los votos, la maestra notó que había una niña que no había terminado de listar sus sugerencias, así que le preguntó si estaba teniendo problemas con su lista, a lo que la niña respondió:
-Si, un poquito. No puedo terminar de decidirme pues hay muchas.
La maestra entonces le dijo:
-Bueno, léenos lo que tienes hasta ahora y a lo mejor te podemos ayudar.
La niña lo pensó un instante, pero luego leyó:
-Yo pienso que las “Siete maravillas del mundo” son:
PODER VER...
PODER OÍR...
PODER TOCAR...
PODER PROBAR...
PODER SENTIR...
PODER REÍR...
PODER AMAR...
El salón se silenció a tal punto que si se hubiera caído un alfiler, se hubiera escuchado.
Las cosas mas preciadas de la vida, no se pueden construir con la mano ni se pueden comprar con dinero.
1 Las Pirámides de Egipto
2 El Taj Mahal
3 El Gran Cañón de Colorado
4 El Canal de Panamá
5 El Edificio Empire State
6 La Basílica de San Pedro
7 La Gran Muralla China
Mientras contaba los votos, la maestra notó que había una niña que no había terminado de listar sus sugerencias, así que le preguntó si estaba teniendo problemas con su lista, a lo que la niña respondió:
-Si, un poquito. No puedo terminar de decidirme pues hay muchas.
La maestra entonces le dijo:
-Bueno, léenos lo que tienes hasta ahora y a lo mejor te podemos ayudar.
La niña lo pensó un instante, pero luego leyó:
-Yo pienso que las “Siete maravillas del mundo” son:
PODER VER...
PODER OÍR...
PODER TOCAR...
PODER PROBAR...
PODER SENTIR...
PODER REÍR...
PODER AMAR...
El salón se silenció a tal punto que si se hubiera caído un alfiler, se hubiera escuchado.
Las cosas mas preciadas de la vida, no se pueden construir con la mano ni se pueden comprar con dinero.
martes, 6 de enero de 2015
Ser Luz
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guido, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
-¡Guido, si tú no ves! ¿Qué haces con una lámpara en la mano?
Entonces, el ciego le responde:
-Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi.
Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en la oscuridad.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guido, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
-¡Guido, si tú no ves! ¿Qué haces con una lámpara en la mano?
Entonces, el ciego le responde:
-Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi.
Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en la oscuridad.
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